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Premio Nacional de Periodismo "Antonio Nariño"

Canal de Televisión En Acción

jueves, 23 de marzo de 2017

La Consultora Política y de Gobierno Yury Ramírez analiza la política colombiana

Por: Yury Ramírez Díaz
Consultora Política y de Gobierno -

¿POR QUÉ ESTAMOS TAN POLARIZADOS?

En política, la polarización ocurre cuando la opinión pública se divide en dos extremos opuestos, que generan enfrentamiento, choques y controversia, y eso es precisamente lo que en la actualidad está pasando en nuestro país. 

Entender el fenómeno de polarización requiere de un análisis de cómo nos está llegando la información a los ciudadanos y para eso hay que remitirnos a los canales de comunicación de los que nos estamos alimentando.

Kanter Ibope, una de las encuestadoras líderes en el mercado de investigación de medios de comunicación en América Latina, dio a conocer algunas cifras sobre el consumo de medios, la cual fue publicada en la revista Semana el 25 de febrero de 2017: El 99% de los colombianos ve televisión, liderando el rating los noticieros y los realitys, además el 69% de las personas ven contenido audiovisual por internet; el 87% de los encuestados escuchan radio de dial, aunque el 49% escuchan radio por la red y ahora, el 85% accede a contenidos de internet a través de su teléfono celular. (Las cifras no son excluyentes), por ende, el ciberespacio se viene tomando en gran parte el acceso a la información a nivel mundial. 

We are Social, realizó un amplio estudio sobre redes sociales e internet en el 2016 para definir su uso en 30 países del mundo, concluyendo que de 7.395 billones de personas, 3.419 son usuarios de internet y 2.307 millones cuentan con perfiles en redes sociales, con un incremento del 39% durante el último año en el uso de sus teléfonos móviles para navegar[1]

Nuestro país no se escapa a esa realidad, según el Ministerio de las Tic, al cierre del segundo trimestre de 2016, el número total de suscriptores a internet estaba compuesto principalmente por accesos a móviles con 8.634.018 de suscripciones y una participación del 60% y los suscriptores fijos alcanzaron los 5.764.870 con una participación del 40%.

Además, el estudio concluyó que la preferencia del uso del internet es: las redes sociales con un 78%, seguidas por aplicaciones musicales 75%, y juegos 69.5%, y se evidenció que el 59% de los Colombianos accede a las redes sociales en promedio 10 veces al día; entre las más utilizadas se destacan Facebook (70.1%), WhatsApp (60.1%), Youtube (51.6%), Instagram (31.5%), Twitter (29.3%).[2]

Es decir, nuestro acceso a la información política es liderado en la actualidad por el consumo de internet, especialmente en las redes sociales, donde todos expresamos nuestros inconformismos, necesidades, admiración, y afecto. 

Ahora bien, lo que desconocemos es que las redes sociales tienen algoritmos que segmentan la información a la que accedemos, cuya función es generar nuestras noticias, determinando que publicaciones aparecerán y en qué orden, cómo si se tratara de un embudo que sólo permite dejar las noticias de las publicaciones afines. 

Estos algoritmos están determinados por factores como la afinidad, el peso y el tiempo, entendidos como los “me gusta”, la inclusión de comentarios en las publicaciones, el compartir la información, el tiempo que pasan los usuarios viendo videos, revisando fotos, comentando, interactuando, entre otros; es decir, entre más “me gusta” se dé a la publicación hecha por un político o por una entidad gubernamental, aparecerán publicaciones afines en el muro de noticias, de la misma manera cuando se comparte posiciones en contra respecto de una alguna política pública, un gobernante o una Institución.

Por eso, todos los días los ciudadanos revisan las redes sociales, y comparten contenidos que reafirman su posición política; reciben “me gusta” a los comentarios frente a determinada postura, logrando que se afiance su enfoque y pensamiento, pues se cree que hacen parte de una estructura social en la que sólo su verdad es la única e indiscutible. 

Sin embargo, la información opuesta también puede llegar a través de seguidores, amigos, familiares, vecinos, o agregados, quienes también tienen todo el derecho a expresarse y manifiestan su opinión con la “tranquilidad” que les permite las redes sociales. 

En algunas ocasiones, las diferencias son manifestadas con altura, respeto, y tolerancia, pero lamentablemente en la mayoría de los casos, las redes sociales permiten el acecho constante a través de la tosquedad e insolencia que desatan sentimientos de animadversión entre unos y otros. 

Basta con recordar los procesos electorales como el plebiscito, las elecciones del 2015, e inclusive la implementación de los Acuerdos de Paz, para ver las interacciones que se tuvieron en redes sociales creando ese clima de enfrentamiento constante entre las diversas posiciones.

Para concluir: la polarización surge a raíz del consumo constante de información sesgada por las redes sociales, a través de algoritmos que reafirman y afianzan una solo carácter, sin permitir visiones diferentes, o con mínimos accesos de perspectivas contrarias. 

La sociedad no estaba preparado para la globalización digital, y por ende no tenemos educación al interactuar en las redes sociales, pero es el momento de pensar en el legado que vamos a dejar a nuestras nuevas generaciones; el llamado es a la sana crítica, al respeto por el otro, a la tolerancia y a la aceptación de la diferencia, porque todo lo publicado y compartido, ingresa a una inmensidad digital que le da acceso a todos los ciudadanos en cualquier parte del mundo.
                                                                                               

LA CORRUPCIÓN DE LAS PEQUEÑAS COSAS - Por: Yury Ramírez

Llevamos varios días, escuchando noticias sobre corrupción relacionados con el caso Odebrecht;   nos hemos escandalizado con desfalcos como el de Reficar, el carrusel de la contratación, entre otros; pero pocas veces nos detenemos a revisar si nuestras conductas se acomodan a la del ciudadano ejemplar, impoluto y virtuoso, que jamás ha cometido actos de corrupción.

Pues bien, éste artículo no pretende determinar qué gobierno ha robado más o que político es el más salpicado con éstos escándalos. No, lo que quiero proponerle al lector, es que veamos la corrupción que a diario cometemos, ayudamos a cometer, o toleramos como ciudadanos y nos hacemos  de la vista gorda.

Entre las varias definiciones de corrupción, me llamó la atención ésta: “En las organizaciones, especialmente en las públicas, práctica consistente en la utilización de las funciones y medios de aquellas, en provecho económico o de otra índole de sus gestores”[1], porque define todos  nuestros actos.

Sustento mi teoría, en las actuaciones que a diario realizamos tanto en la vida privada, como en la pública, que son corruptas: como por ejemplo, en nuestra Empresa, (llámese organización) cuando nos llevamos de la oficina las resmas de papel carta para hacer las tareas de nuestros hijos, imprimimos la tesis del postgrado con los insumos de nuestro trabajo, cuando llamamos cincuenta veces a nuestra pareja con el celular de la empresa, o cuando utilizamos el vehículo de la oficina para salir de paseo a Honda.

Ahora bien, qué decir, cuando nos encontramos frente a las actuaciones con el Estado: Generalmente buscamos a un amigo político para que a través de su intermediación logremos algún beneficio personal, puede ser un permiso para un evento, agilidad en algún trámite administrativo, entre otros, situación que toleramos, permitimos y hasta aconsejamos, (Y esto también es corrupción).

Pero ¿Qué pasa cuando cometemos infracciones, o hacemos algo ilegal?: Somos los primeros en hablar mal del Policía de Tránsito, afirmando con vehemencia que es un corrupto, cuando el Agente no quiso aceptar el soborno; somos los opositores más acérrimos del gobernante al que acudimos a pedir una “ayudita”, y no la obtenemos.

Para los Colombianos hablar de corrupción sólo es permisible en las “grandes ligas”, en el Congreso, en la Presidencia, en las Gobernaciones, las Alcaldías, pero jamás nos acordamos de las veces que nos hemos pasado del horario en las fiestas, cuando cometemos la infracción de tránsito, cuando descaradamente solicitamos que adulteren el puntaje del Sisben, cuando ponemos nuestros bienes a nombre de terceros para que obtengamos una vivienda gratis, cuando queremos ser beneficiarios de algún subsidio y sabemos de antemano que le estamos quitando el cupo a alguien que realmente lo necesita,  cuando a través de terceros pagamos las libretas militares, o cuando tenemos el descaro de nunca pagar los impuestos, pero aún así salimos a vociferar que el Gobierno nunca hace nada.

Esta larga la lista de “ayuditas” que acostumbramos a pedir, los llamados “favorcitos” que la gente cree que tiene el derecho a reclamar, porque votó por el gobernante o simplemente porque si, los obviamos, pero nos llenamos la boca gritando a viva voz que todos los políticos son unos enmermelados.

Y qué decir, de aquellos que aportaron económicamente o trabajaron en la campaña política y que no obtuvieron un contrato en la administración o un puesto en el gobierno, ¡ay del pobre Político,  que desde ya se ha ganado un enemigo!.

Colombia no es un país que se destaque por la transparencia en las actuaciones de algunos gobernantes, pero tampoco salgamos con gallardía a hablar de corrupción, utilizando la mayor cantidad de agravios y groserías para referirnos a quienes creemos, son más corruptos que nosotros.


[1] Definición RAE. Disponible en: www.dle.rae.es.

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